El muñeco de nieve morado

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Hace ya algunos años, cuando realizaba mis prácticas de magisterio, viví una de esas situaciones que te hacen reflexionar sobre el tipo de maestra que quieres ser.

Estaba en una clase con niños de cinco años. La profesora era una persona amable y cariñosa. Adoraba a sus alumnos y yo estaba aprendiendo mucho de ella.

Ese día en el proyecto de “Las estaciones del año” se hablaba sobre el invierno y sobre aquellas cosas que se asociaban al frío de enero. Después de la lluvia de ideas, tocaba dibujar un muñeco de nieve. Los niños estaban emocionados. El tema les motivaba de verdad y se pusieron manos a la obra inmediatamente.

Todos habían entendido a la perfección las instrucciones de la profesora y enseguida las mesas se llenaron de dibujos de muñecos de nieve con sus narices de zanahoria y sus bufandas de colores. Todos ellos de un blanco impoluto. Todos, menos uno. Una de las niñas estaba pintando un muñeco de nieve completamente morado.

Se la veía concentrada… perfeccionando los detalles… parando de vez en cuando para observar su obra y sonreír con orgullo antes de proseguir…

Inmediatamente los compañeros trataron de ayudarle a entender su error. ­–Lo has hecho mal– le decían –Los muñecos de nieve no son morados, todo el mundo lo sabe–.

Ella empezó a dudar… y poco a poco dejó de colorear mirando confusa a su alrededor.

La profesora, al advertir el revuelo, acudió a poner orden –¿Qué pasa aquí?– preguntó –¿Por qué discutís?–.

–Paula está pintando un muñeco de nieve morado– le explicaron los niños.

Paula miró a su profesora. Ella sabía todo. Sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Lo que se podía y no se podía hacer. Ella la entendería.

La profesora se acercó a su mesa, observó el precioso dibujo en el que Paula había puesto toda su pasión y creatividad, la miró sonriendo y le dijo –No te preocupes cielo, tengo más folios. Aún queda un ratito para la merienda, tienes tiempo de sobra para repetir tu dibujo y hacerlo bien. Recuerda lo que hemos explicado, la nieve es blanca. La próxima vez intenta prestar más atención– Y plantando un beso en su cabecita se alejó en busca de otro papel.

La clase prosiguió con normalidad para todos, menos para Paula. Algo se había roto dentro de ella y dos lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas.

Por supuesto Paula nunca acabó aquel nuevo dibujo. Nunca llegó a entender por qué su precioso muñeco de nieve morado era inaceptable. Todo el mundo sabe que la nieve es blanca, ¿para qué querían 27 muñecos de nieve exactamente iguales? Aquel rechazo a su propia naturaleza paralizó su creatividad y ante el nuevo papel en blanco Paula nunca supo por dónde empezar, a pesar de tener instrucciones claras y precisas sobre cómo hacerlo.

Su profesora nunca llegó a percibir el daño profundo que inconscientemente le había producido a una de sus alumnas más queridas.

Aquel día Paula me enseñó que aun teniendo razón puedes estar equivocado y decidí que nunca criticaría un trabajo en el cual un alumno hubiese puesto su corazón.

El sistema educativo está plagado de situaciones como ésta y sin embargo cuando los niños crecen lo suficiente nos esforzamos por enseñarles a crear proyectos, a imaginar sus propias empresas, a concebir soluciones para salvar el mundo… Y yo me pregunto, ¿qué capacidad de innovar esperamos que tengan si nos pasamos años acotando su creatividad y su imaginación? ¿Cómo podemos esperar de ellos el pensamiento divergente que encontrará la cura para el cáncer si desde que empiezan a ir a la escuela les enseñamos que las cosas son como son y que está prohibido cuestionarse nada, ni siquiera en un simple dibujo?

Quizá deberíamos esforzarnos menos en explicarles cómo es el mundo y en su lugar ayudarles a descubrirlo e interpretarlo ellos mismos. Seguramente todos llegaríamos mucho más lejos poniendo de vez en cuando un muñeco de nieve morado en nuestras vidas.

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Belén Palacios, Maestra de Infantil, Pedagoga y Coordinadora del Departamento de Español de Primaria de Caxton College

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One thought on “El muñeco de nieve morado

  1. Déborah Gallego

    ¡Qué bonito lo has contado, Ms Palacios! Yo, de mayor, quiero ser Paula. ¡Busquemos todos la Paula que llevamos dentro! ¡Viva la creatividad! Creative thinking!

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